Vacunas, primer punto de la agenda nacional

En los últimos días hemos visto con preocupación cómo los principales medios de comunicación se han centrado en temas diversos como pugnas entre bandas crimínales; enfrentamientos entre militares y grupos irregulares en la frontera; la profundización de la crisis de gasolina, gasoil y diésel; y hasta debates estériles para satanizar al nuevo CNE. Y han relegado así a un segundo plano el tema que más nos urge: Las vacunas contra el COVID-19.

Experimentadas voces de la medicina coinciden en referirnos que el virus no ha desaparecido; sólo se ha estabilizado su propagación. También agregan que en Venezuela podrían estar registrándose más de 1.000 casos diarios, pese a las modestas cifras que presentan desde Miraflores.

Ante esta enorme realidad, además de las medidas extremas de bioseguridad que todos debemos asumir, es vital que el punto uno de la agenda nacional sea la inmunización de nuestra gente, especialmente de los sectores priorizados: personal sanitario, empleados de empresas de alimentos y una larga lista de quienes por meses han expuesto su vida para garantizar la de los pacientes contagiados y el funcionamiento mínimo del país.

Desde el poder prometieron 10 millones de vacunas para el primer trimestre del año; y hasta la fecha entre todos los lotes recibidos no llegamos al millón de dosis, lo que supone la mitad de vacunados al admitir dos dosis por inmunizado. Se trata del mismo desgobierno que con su fracasado modelo socialista acabó con el sistema de salud pública de nuestro país.

Son los mismos que hoy mantienen engavetada la importante propuesta de importación de vacunas hecha por Fedecámaras. Según la información que manejamos, la excusa es que el Estado es quien debe ocuparse del tema. Ante esto, y atendiendo el clamor de miles de ciudadanos que a diario nos topamos, exigimos que se avance con todas las propuestas que supongan garantizar vacunas para los venezolanos.

Si bien entendemos que en el mundo entero, son los gobiernos quienes se encargan de atender la crisis de salud pública que supone esta singular coyuntura del COVID-19, es propicio que desde Miraflores se autorice a quienes con seriedad siguen dispuestos a ayudar a superar la contingencia.

Los tiempos del virus no son iguales a los de la política. Ya tenemos la desagradable experiencia de la crisis humanitaria. Quienes ejercen funciones de Estado se han negado a aceptar los aportes de la comunidad internacional, sin importar que esto suponga la pérdida de vidas de nuestros hermanos.

Es la hora de sumar y de avanzar en pro de salvar vidas.

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