Última clase

Es costumbre en la Universidad Tecnológica del Centro que el Rector ofrezca la Ultima Clase a los estudiantes próximos a graduarse. He dictado varias y disfrutado mucho; nada más grato que tener al frente a centenares de rostros frescos, expectantes del mañana que se les viene encima.

El fin de semana pasado con más de 500 candidatos a recibirse de ingenieros y licenciados, la experiencia fue otra y doblemente satisfactoria. Constituían un grupo bien especial en un programa piloto que nos ha permitido llevar a la Universidad a un nicho distinto al que desde la fundación apuntamos. Llegaron puntuales, dando tumbos por la falta de transporte o la lejanía –“salí de Maturín a las 3 de la mañana” me dijo una simpática coterránea “para llegar a tiempo”-, los más estranochados por la falta de electricidad o aseados con el agua escasa que atesoran en tobos. 

Al comenzar mi intervención pregunto cuántos trabajan y todos levantaron la mano y ante las muchas mujeres cuantas eran madres casi todas también lo hicieron. Son Técnicos Superiores Universitarios que después de años de titulados regresaron a las aulas y con mucho sacrificio están a las puertas de lograr lo que parecía un sueño o aún una locura. “Un vecino me dijo, compai usted esta tosta’o, ¿cómo se le ocurre después de viejo ponerse a estudiar?” relató uno de los asistentes sentado en primera fila.

Titulo mi presentación “Consejo para exitosos profesionales que seguro lo serán” y les hablo de la obsolescencia del conocimiento, que expertos estiman entre 12 y 18 meses dependiendo de la disciplina, lo que obliga a actualizarse permanentemente; trabajar en equipo; ser puntuales, organizados, agendar y cumplir agenda con rigor; hacer seguimiento y a gerenciar bajo el modo Pthirus Pubis y cuando se me quedan boquiabiertos por desconocer el termino les pido consulten al Dr. Google a lo que sucedieron las risas: Pthirus Pubis nombre científico de la ladilla, gerenciar entonces por ladilla que es de lo más eficiente en Venezuela; no tolerar la deshonestidad, dar el ejemplo; operar en la realidad local, que tomen riesgos; sean leales –con sus principios, sus supervisores y supervisados, con sus familias-; multipliquen su capital relacional que casi siempre es más importante que el dinero. Me detengo y con convicción plena les recuerdo que en nuestra Universidad no formamos profesionales para que mañana medren en un carguito, ocupen un puesto mal remunerado sin posibilidades de crecimiento personal, les exhorto a no amarrarse a un sueldito y menos en bolívares soberanos. “Contratado Ingeniero –les digo con sorna- usted ganará 1 cartón de huevos, 2 paquetes de harina pan y un pollo al mes”.

Les invito a privilegiar el mundo real y prestarle menos atención al virtual como también lo hago para que disfruten, compartan con la familia y los amigos que no todo puede ser trabajo.

Ya al cierre advierto que en el camino que tienen por delante pueden tropezar pero no amilanarse y si así les sucediese aprendan de la experiencia y vuelvan a empezar con entusiasmo y fe que de siguiente les ira bien.

De corazón me despedí de ellos con un: “nos vemos en vuestra graduación cuando de toga y birrete recibirán de mi sus medallas y títulos”.

Confieso que lo que vi ese día fue el país que debe ser: el que decidió luchar y triunfar contra toda circunstancia.

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