Pedro Sánchez no recibió a Guaidó porque lo sabía debilitado

Pedro Sánchez ha mostrado en los últimos meses una gran capacidad para cambiar su estrategia y esa volatilidad se ha convertido en uno de los ejes de la crítica de la oposición española. El presidente dio un giro acerca de la posibilidad de aliarse con Podemos, y rectificó también en su relación con los independentistas de ERC (movimiento independentista de Cataluña). 

Su equipo siempre ha defendido que esos cambios no se han producido por capricho, sino por necesidad. Y lo mismo ha sucedido con Venezuela, según coinciden diversas fuentes del Gobierno. Sánchez, explican, no tuvo un lapsus al llamar "líder de la oposición" al venezolano Juan Guaidó. En su cabeza, aseguran, las cosas han cambiado mucho en un año, el tiempo que ha pasado desde que iniciando 2019 convocó a la prensa de manera extraordinaria un sábado en La Moncloa para declarar a Guaidó como "presidente encargado".

Oficialmente no se ha anunciado ninguna modificación. Pero en privado, varios ministros y personas de confianza del presidente admiten que Sánchez giró poco a poco, a medida que se agravaba la situación de Venezuela, hacia la posición en la que, según estas fuentes, siempre estuvo la cúpula diplomática del Ministerio de Exteriores, tal como reseña el portal madrileño El País.

En la cartera diplomática, explican, siempre se vio con recelo el reconocimiento de Guaidó como "presidente encargado", algo sin antecedentes y que genera una situación peculiar, porque a la vez España mantiene relaciones con el Gobierno de Maduro, que es con quien resuelve los problemas del día a día no solo de los ciudadanos españoles en Venezuela y venezolanos en España, sino los múltiples conflictos de las empresas españolas con intereses muy fuertes en el país suramericano. 

De hecho, el protagonista de la controversia con la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, José Luis Ábalos, ministro de Transportes, tenía prevista (según fuentes de su departamento) una cita al día siguiente del arribo al aeropuerto por parte de la comitiva socialista, con el responsable de Turismo venezolano, Félix Plasencia, para agradecerle las gestiones que permitieron resolver varios conflictos de grandes empresas españolas presentes en Venezuela.

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Con el paso de los meses, Sánchez, según explican en su entorno, ha visto cómo Guaidó no logra consolidarse. Al contrario, aseguran, han surgido divisiones dentro de la oposición criolla, mientras se hace cada vez más imprescindible tener una relación normalizada con el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Hace un año, con unas elecciones en España a la vista, una presión muy fuerte del PP y un ambiente en la Unión Europea muy favorable a reconocer a Guaidó, La Moncloa, con José Manuel Albares, secretario general de Asuntos Internacionales, como figura clave, le ganó la partida a Exteriores, entonces con Josep Borrell a la cabeza, y Sánchez apostó a tope por Guaidó. Entonces, recuerdan esas fuentes, parecía que Maduro podía caer en cualquier momento.

Ahora, con Sánchez consolidado en el poder con una coalición con Unidas Podemos (cuyo líder, Pablo Iglesias, también apoya la decisión de alejarse de Guaidó), Albares camino de la embajada en París y el dirigente venezolano debilitado, se ha impuesto, explican fuentes del Ejecutivo, la visión de los encargados de Relaciones Exteriores. Esa cúpula de la diplomacia española, señalan, sigue pensando que hay que poner huevos en varias cestas para solidificar la influencia de España en Venezuela y ser un referente de la solución que, para ellos, pasa por unas elecciones pactadas entre el gobierno y la oposición.

Prácticamente todos los mensajes que le llegan a Sánchez en estas semanas, aseguran, van en la misma línea: la necesidad de no fiar todas las cartas a una improbable consolidación de Guaidó. En ese contexto, añaden, se tomó la decisión de que el presidente no le recibiera y en este mismo ambiente se decidió que Ábalos tratara de resolver la crisis con Rodríguez sin tener un conflicto con Maduro. Y en ese contexto también, mantienen fuentes próximas a La Moncloa, se enmarca la idea de llamar a Juan Guaidó “jefe de la oposición”. En la cabeza de Sánchez, explican, ya no es más que eso.

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