No es suficiente la esperanza

Cuando era niño en la cocina de casa nunca faltó el Almanaque de los Hermanos Rojas. Mi abuela decía que cualquier cosa que uno quisiera saber allí lo encontraría; iniciativa de Arístides Rojas, salió a la calle por primera vez en 1871 y en Venezuela fue el Google de finales del Siglo XIX y buena parte del XX. Internet barrió con ese compendio anual de saberes y hoy es una rareza desplazada por los buscadores en red.

La madrugada del sábado pasado, rumbo a Maiquetía para emprender un accidentado viaje a Estados Unidos –daño colateral de las sanciones, el vuelo directo que hasta hace unos días era de tres horas, ahora me llevó el doble más la larga espera en Bogotá- el taxista, un carupanero hablador dedicó todo el trayecto a actualizarme sobre los precios que son locura. “Anoche pagué en una taguara en La Candelaria por una arepa tiesa con queso y jamón y una malta, treinta mil soberanos” se quejó pero agregar de inmediato “esto no puede seguir así, yo tengo esperanza que cambie”. De comidas pasó a los repuestos de su viejo Corolla saltando a ventiladores porque se le dañó el aire acondicionado y no puede repararlo. “Donde unos chinos en Catia estuve a punto de comprar un ventiladorcito que es como pa’ carro pero que me serviría para espantar la plaga, doscientos mil soberanos me dijo el chino que costaba y casi lo compré a pesar de que me estaba robando pero cuando pedí que lo prendiera más aire me echa la mujer mía soplándome. Por eso es que yo tengo esperanza que las cosas cambien, porque ya no se puede vivir” recalcó.

Una y otra vez afirmó que no perdía esperanza que “estos bichos se vayan” para que las cosas fueran mejor. No le contradije no fuera que se pusiera bravo y me bajara en la autopista pero me quedó el sinsabor de la frase machacada que en los últimos tiempos oigo en muchos: “hay que mantener la esperanza”.

Mientras aguardaba, en un aeropuerto sin aire acondicionado y casi desolado, abrí mi laptop y apelé al Dr. Google: coloque “Esperanza” e inmediatamente encontré en imágenes un bonito poster con: “La Esperanza es desear que algo suceda. La Fe es creer que va a suceder. La Valentía es hacer que suceda”. Intenté conocer al autor de la frase para dale justo crédito pero no lo logré pero en cualquier caso confieso que me gustó en estos tiempos donde todos tienen la Esperanza de que el mañana sea distinto y bastantes tienen Fe que así será.

Pueda que me equivoque pero el sucesor de los Hermanos Rojas me abrió los ojos al porque a pesar que millones padecen las consecuencias del mayor colapso económico sucedido en un país sin guerra en el mundo en al menos 45 años, según expertos -“Cuesta pensar en una tragedia humana de esta magnitud que no sea producto de una guerra civil”, comentó recientemente Kenneth Rogoff, profesor de Harvard, agregando “Este puede ser el ejemplo más sobresaliente de políticas desastrosas”- avanzamos hacia peor.

Hay Esperanza, hay Fe pero falta Valentía colectiva para quitarse esta tragedia de encima. Y no empiecen los influencer sentados en la poceta a twitear que la oposición no sirve porque bastante que ha puesto en la caldera, con sus asesinados que son mártires, con los presos y exiliados, con los perseguidos, lo que en verdad se requiere con urgencia es de un Pueblo Valiente que se disponga a luchar hasta conquistar su mejor futuro; el que pregunte por mí, en horas vuelvo.

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