Monagas siglo XXI

Globovisión

Sábado 1 de Junio, 5 am: Debería estar en casa durmiendo pero en cambio me encuentro en cola en la estación de La Encrucijada en las afueras de Maturín. Delante de mí, medio centenar de vehículos aguardan a que ya de día comiencen a surtir gasolina. A lo lejos, llamaradas que se extienden hasta el cielo oscuro: es el gas que por millones de pies cúbicos se queman en el campo petrolero de Boquerón. Por cierto si fuese lunes a unos pocos kilómetros me toparía con otra inexplicable cola: la de quienes velan por una bombona para no cocinar con leña.

Mientras espero recuerdo la Monagas del Siglo XXI que primero el gobernador Call y luego yo -en perfecta sintonía- más que soñamos, diseñamos e impulsamos. Pienso con tristeza que ni él ni yo, ni ninguno de los que nos acompañaron en tantas jornadas por hacer de nuestra región un referente latinoamericano, llegamos a imaginar este presente dramático.

Primer estado productor de petróleo de Venezuela -por encima del Zulia incluso- superando largamente a vecinos como Ecuador y Colombia; depositario de esa maravilla de la tecnología criolla que fue la Orimulsión; con decenas de miles de hectáreas de pino sembradas antesala de desarrollos forestales; sabanas y valles en las cuales los cultivos se multiplicaban con pivotes que adornaban el paisaje y centenares de rebaños de ganado pastando; avenidas que se construían, miles de viviendas dignas, escuelas y liceos, universidades repletas de estudiantes y profesores entusiastas; hoteles, centros comerciales y hasta campos de golf; infraestructura eléctrica, aguas blancas y negras y servicio de gas doméstico que era modelo de eficiencia. Maturín, la ciudad distinta con aseo urbano que prestaban relucientes unidades, parques y plazas impecables y desierta de buhoneros no porque se les persiguiera sino porque había empleo por doquier, Punta de Mata pujante, El Tejero y Santa Bárbara ni se diga, Caripe pleno de turistas e infinidad de extranjeros explorando ríos y caños al sur de la entidad.

Los muchachos no se marchaban salvo a estudiar regresando título en mano a fortalecer el crecimiento local mientras llegaban miles.

En medio de la vorágine del progreso prestábamos mucha atención a lo social: comedores del pueblo, ollas populares, mercados abiertos, auto construcción de viviendas, consolidación de barrios, asistencia nutricional a niños y embarazadas, microcréditos a emprendedores, compensaban a los menos favorecidos sin que mediara carnet.

Aclara cuando me bajo a conversar con los que conmigo esperan, detrás la cola se extiende hasta más allá de la vista. “Compai -me dice el más cercano- está vaina no se había visto nunca”. Rápidamente se hace un grupo a mi alrededor y cada quien habla de sus carencias y dificultades. De la gasolina saltan a los precios, “ayer me pidieron 45 mil soberanos por un cartón de huevos, más de un salario mínimo” y otro: “a cada rato se me va la luz pero con tanto peo ya ni le paro”.

“¿Y cuándo vamos a salir de esto?” interroga uno mientras un segundo con cara de adivino advierte: “hay que apurarse porque si no aquí va a haber una matazón”.

“Yo sé cuándo vamos a vivir como merecemos” afirmo tajante y se hace un silencio que aprovecho para señalar a un grupo cercano que ríe a carcajadas y se pasa una “mulita”: “cuando todos cojamos la cosa en serio y entendamos que es el mañana de nuestras familias lo que nos estamos jugando”.

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