Rostros GV| Manuel Felipe Sierra: El deber del periodista es transmitir la verdad por encima de todo

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Su rostro recuerda al de un profesor estricto, pero detrás de esa máscara de rasgos severos se esconde un alma bohemia. Manuel Felipe Sierra se dedicó al periodismo, aunque habría podido ser poeta. 

El gusto por las buenas letras lo heredó de su padre don Pedro, a quien recuerda como un hombre exigente pero muy generoso con sus recomendaciones literarias, donde no podían faltar los versos de Elías David Curiel, célebre bardo y paisano de Coro.

Sierra asegura que a su alrededor había toda una atmósfera para que él se interesara por la escritura. En su casa, recuerda, no faltaban las revistas: desde una caraqueña Élite, hasta la argentina Billiken o las cubanas Carteles y Bohemia.

Sus variadas lecturas pronto desembocaron hacia una voz propia. Durante su época escolar en el colegio Pío XII, un joven Manuel Felipe ya participaba en modestos concursos literarios. El ejemplo paterno le reveló la senda que seguiría su vocación.

"Siempre tuve en papá alguien que me inculcó la importancia de escribir bien y corregir las cosas", dice quien a sus 76 años ha estampado su firma en 5 títulos publicados bajo un tópico recurrente: el poder.

Desde el primer momento, su andar por los caminos del periodismo corrieron paralelos a la política. Cuando derrocaron a Pérez Jiménez en 1958, Sierra de 15 años, ya se desempeñaba como locutor en una reconocida emisora de su ciudad natal.

En 1960 arribó a Caracas, urbe imponente que había pisado durante una efímera visita y de la que sabía poco más de lo que leía en las revistas.

Entre los presidentes que se sometieron a su escrutinio, Sierra recuerda especialmente al revolucionario cubano Fidel Castro. “Más allá de su imagen radical se mostraba a sí mismo como un gran conversador, muy lúcido y despierto”, evocó.   

"Los golpistas del 27N me deben la vida" 

La que sería quizás su escaramuza más grande con el poder, ocurrió cuando era presidente de Venezolana de Televisión.

 Estaba en su despacho del canal del Estado aquel 27 de noviembre de 1992, cuando Hugo Chávez volvió a la escena política en su empeño de ocupar el Palacio de Miraflores a cualquier precio.

La nueva intentona golpista volvió a fracasar. Los insurrectos que momentos antes habían tomado la planta televisiva  yacían atados de pies y manos en el estacionamiento del edificio

Cuando llegaron las Fuerzas Armadas, Sierra se dispuso a zanjar aquel episodio: 

General, no permito que en este canal de televisión donde yo soy el presidente, masacren, golpeen, ni maten a nadie, esos muchachos ya se rindieron. Hay que respetarle sus derechos humanos”, increpó al encargado de los golpistas.   

El peso de la autoridad militar en escenarios de incertidumbre no es desconocido para Sierra, pues su abuelo materno, el Coronel Agustín Graterol, frustró una insurrección contra el Gobierno de Gómez liderada por el guerrillero Rafael Simón Urbina.

Años más tarde le diría a su amigo y compañero del MAS, Mario Valdes: “Esos muchachos del 27 de noviembre me deben la vida”.  

Si la vocación no hubiese sido más fuerte es probable que el propio Manuel Felipe se desempeñará como dirigente político, pues pasó por varios partidos. 

"Cuando todavía estaba muchacho” en Falcón se vinculó con Unión Republicana Democrática (URD) y su fundador Jóvito Villalba, ya radicado en la capital se unió a las filas del Movimiento al socialismo (MAS)

"Dejé la militancia para dedicarme al periodismo", reconoce quien hoy es citado en varios medios por sus agudos análisis. 

No es dirigente pero se destaca como analista político 
En Palabras de Sierra,"el periodista es ante todo un rebelde. Hay muchos poderes (no sólo el Estado) que quieren capturarlo a uno. Por eso siempre se tiene que tener claro, que tu deber es transmitir la verdad por encima de todo". 

Las historias llegan una detrás de otra en la voz de su protagonista que lejos de vanagloriarse habla de su fructífera trayectoria, en un tono más bien pedagógico.

Como enviado especial del Diario de Caracas cubrió la guerra centroamericana y el conflicto entre Irak e Irán.

Por la creación de publicaciones como: Número, primera revista enteramente dedicada a la economía en Venezuela y Viernes, semanario de análisis político. Sierra ganó el Premio Nacional de Periodismo en 1988.

Siempre vuelve a la escritura 

Cuando no estaba encerrado en la redacción de algún periódico o en plenos menesteres del oficio, Manuel Felipe Sierra disfrutaba de la noche capitalina en el Boulevard de Sabana Grande, frecuente escenario de tertulias literarias en boca de destacados escritores. Uno de ellos, era el colombiano Gabriel García Márquez. 

"Éramos amigos, la última vez que lo vi fue en Cuba poco antes de que ganará el Nobel de Literatura; cuando se dio cuenta de que iba a escribir nuestra conversación me dijo: Si no me gusta tu entrevista te desmiento", en sus labios aquella remembranza suena como un desafío jocoso al entrevistador. 

(Lea También: Macky Arenas: No habría querido crecer en un país distinto a Venezuela)

No es un hombre de pocas palabras, pero las escoge cuidadosamente y habla de su vida personal con reserva. Cuando perdió a su primera esposa, se volvió a casar con María Gabriela Márquez de Sierra.

De sus matrimonios nacieron tres hijos: “Dos viven en el exterior y al otro me lo quitó la inseguridad”, expresó en tono seco. Los menesteres migratorios también lo separan de sus cinco nietos.

Un paseo en familia 

Sobre los detalles de su vida matrimonial prefiere no extenderse: “Para no meterme en problemas con las mujeres”, argumenta entre risas que disipan su rígido semblante, solo un momento.

Como la literatura compone una parte fundamental de su vida, inevitablemente vuelve a su rol de escritor: "Uno nunca deja de escribir aunque no publique. Así sea para la reflexión, futuros trabajos, o para uno mismo. Hay que hacerlo bien y siempre revisar lo escrito", subraya.

Un brillo destella en sus ojos oscuros, enmarcados por los lentes redondos y el parecido con un profesor severo, se manifiesta con una fuerza arrolladora. 

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