La crisis climática

Este lunes 23 se instala la Cumbre 2019 de Acción Climática en la cual, según palabras del Secretario General de Naciones Unidas no se trata de continuar discutiendo sobre el cambio climático sino ya de la crisis climática en lo que sin duda es el mayor desafío del presente.

Numerosos informes muestran como aumenta la temperatura global y el nivel de los océanos, se hacen más devastadores los huracanes y las lluvias mientras los medios de comunicación reseñan devastadores incendios y prolongadas sequías, huracanes de potencias sin igual y glaciares que desaparecen.

“United in Sciencia o “Unidos por la Ciencia”, uno de los documentos claves a discutir en la cumbre, señala que a pesar de los discursos y de los compromisos adquiridos por los gobiernos de casi todas las naciones del planeta en el llamado Acuerdo de Paris marchamos aceleradamente hacia cambios en el clima de largo alcance que serían no solo irreversibles sino también abruptos: la existencia de la vida misma sobre la tierra se encuentra amenazada y no se trata de una amenaza que pende sobre generaciones lejanas en el futuro sino que puede ser inminente.

Hace muchos siglos, en lo que se conoce como “La edad de hielo”, buena parte de las especies vivas en el planeta se extinguieron y ello incluyó entre las primeras víctimas a los todo poderosos dinosaurios. En un lapso todavía impredecible pero que se antoja corto podemos sufrir una “edad del fuego” que arrase con cualquier forma viva.

No es un Tyrannsaurus ni un Veliciraptor los que mañana morirán, son los jóvenes que hoy veo entusiastas y despreocupados en la Universidad o Mia y Adrián que juegan sin tener conciencia que todo a su alrededor será barrido por olas de calor irresistibles.

El tiempo se acaba y mientras las burocracias hablan sin resolver un creciente movimiento de los más jóvenes activan por prontas decisiones. Empiezan a tomar conciencia que serán los más afectados. “Jóvenes verdes”, incluso “niños verdes”, reflejados en una activista sueca de solo 16 años, Greta Thunberg, que se ha hecho un fenómeno global, toman las calles de las principales capitales exigiendo soluciones que implicarían un modo de existir distinto. 

Extrañamente en Venezuela el interés es ninguno por un asunto tan relevante para la humanidad. Quizás sea porque la prioridad del régimen sea el mantenerse en el poder y quienes nos oponemos derribarlo o porque millones solo piensan en que comerán hoy o como les ira si se largan del país en días. El futuro para millones por estos lares es la medicina de la noche que no se consigue o el uniforme escolar que no se puede comprar.

Que tristeza que hasta en la lucha por un planeta mejor nos encontremos en la cola.

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