El Mínimo Civilizatorio

Me sorprende el sacudón chileno. ¿Cómo se explica tal estallido en una nación que por años ha sido considerada modelo de democracia tras una larga dictadura? La economía más prospera y abierta de la región, con el ingreso más alto por habitante junto a Uruguay, con pobreza que cayó del 40 % de la población a solo 10 % y continúa en descenso, de infraestructuras del primer mundo y arraigada cultura.

Sacudón sin banderas políticas, marcado por la rabia que ha llevado a indeseable violencia, sin miedo, con los más jóvenes como protagonistas alzando carteles hechos a mano con significativas leyendas: “Hoy por mis Papás” o más aún: “Mi Mamá está en casa, yo no”.

Leo y releo, investigo, y sigo sin encontrar respuesta que me satisfaga. ¿Qué es obra del Foro de Sao Paulo luego de calentar a Ecuador y en fase de avance para incendiar a Colombia y Brasil? Confieso que no me convence en nada esta explicación de los radicales de las redes cuya capacidad de análisis no va más allá de los 280 caracteres de Mr. Twitter.

Como en ¿Quién quiere ser Millonario? apelo a un comodín y madrugada de domingo interrogo por WhatsApp a un hermano de sueños –Ezequiel Zurita, monaguense, ingeniero, adeco de raíz, que un buen día tomó su mochila y emprendió en autobús la larga ruta al sur y ahora hace lo que le manden en la planta de aceite de oliva “Alonso” en la comuna de La Estrella a unas 3 horas de Santiago de Chile-:

“La gente reclama por cambios profundos, que se acaben los privilegios para los que más tienen y que la clase política sea más consciente y responsable. La pelea es por equidad” concluye Ezequiel.

Contacto luego a Jacintico Vásquez, de Monagas también, abogado, dirigente de Voluntad Popular, a quien la necesidad hizo emigrar y reside en la capital chilena –aunque me comenta que ahora se encuentra en Washington, en una cumbre juvenil-: “El común –afirma- no siente al país como suyo, aprecia que es un esclavo del Estado y tilda a todos los políticos sean de derecha o izquierda de ladrones. La multitudinaria marcha de hace pocas horas busca un Chile más justo y solidario”.

Ya de día, tomando café frente a la Plaza Bolívar de Tucupita, tropiezo con el exgobernador Antonio Cabral, 90 años de una existencia ejemplar; de entrada me pregunta: “¿Has visto lo que pasa en Chile?” y sin tiempo para yo opinar acota: “Es por la desigualdad y por los políticos que no escuchan”.

En un país donde no se va la luz, ni el agua, donde el aseo urbano y el internet funcionan, sin colas en bancos ni gasolineras, con efectivo, medicinas y alimentos a mas, de salario mínimo 30 veces el nuestro, con buenas escuelas y hospitales, miles se echan a la calle y obligan al Presidente a pedir perdón.

Norberto Bobbio acuñó el concepto del “mínimo civilizatorio” que implica que a medida que el Estado satisface las demandas de sus ciudadanos surgen otras y son mayores las exigencias incluidas las eticas lo que sin dudar es el caso de Chile. Por cierto, en Venezuela, Oscar Morales Rodríguez, asegura en Efecto Cocuyo que el “mínimo civilizatorio” es ninguno: ¿Será por eso que en este tiempo somos una isla de pasividad colectiva? ¿Por qué nos conformamos con lo que hay? 

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