Antonin Figueroa, el heredero de una tradición artística que apostó por la pintura experimental

Antonin Figueroa, artista plástico zuliano
Antonin Figueroa, artista plástico zuliano - Marcos Galletto

El artista zuliano afirma que el lienzo es capaz de trasladarlo hasta un “universo paralelo” lleno de libertades. Antonín Figueroa encontró en la pintura un oficio experimental con el cual es capaz de deshacerse de rigurosas “ataduras”, como las de quien percibe el arte de forma “académica” y concibe el óleo como un instrumento figurativo que lo complace a la hora de plasmar su más profunda pasión por la naturaleza.

“En el lienzo, que es para mí un universo paralelo presto para libertades y para experimentar, he logrado como resultado estas obras que abordan de alguna manera lo contemporáneo. Por ello he ido desarrollando estas técnicas”, dice satisfecho pero a sabiendas de que la constancia es clave.

El joven artista proviene de una familia dedicada a las artes plásticas cuyas creaciones se transformaron en referentes para toda Venezuela. Nieto de Natividad Figueroa e hijo de Hugo Figueroa Brett, zulianos insignes y de profundo respeto, que enmarcados dentro del oficio, ofrecieron aportes de gran valor no sólo a “la tierra del sol amada”, sino a toda nuestra nación.

Influencia de un padre crítico y disciplinado

En cuanto a su padre, comentó que “no era un padre alagador o complaciente. No te decía que todo estaba perfecto o bello, pero había un respeto muy grande. La forma en que mejor nos comunicamos fue mediante la pintura y el arte”.

Hugo Figueroa falleció a los 78 años, hijo de Natividad Figueroa y la activista político Carmen Brett. Su pluma, caracterizada por una elocuente prosa, fue inspirada por un obsequio de padre, quien por ser buen estudiante le obsequió un bolígrafo Parker, descrito por él mismo como “una maravilla para escribir”.

Quizás sucumbió ante la atracción de uno de los oficios de su padre, el de marinero, por lo que dedicó parte de su vida al servicio militar; probablemente fue de allí de donde adoptó su carácter rígido. Con tan sólo 16 años de ingresó a la Academia Naval de Venezuela de donde se retira más tarde con el grado de Teniente de Fragata.

Su vida transcurrió entre versos, ritmo y rima, lo que para algunos era ilógico proviniendo de un hombre con una formación de soldado.

En una oportunidad se le consultó si “ser militar y escritor no era una incongruencia”, pero replicó: “En Venezuela si lo es. El solo hecho de leer libros de poetas rusos, en aquella época (cuando estuvo en la academia), hacía pensar que me inclinaba al comunismo”.

Hugo Figueroa Brett ganó en 1973 el premio nacional de cuentos convocado por la Universidad del Zulia, con su obra “Metástasis” y el premio nacional de poesía en 1976 por el poemario “Agosto tiene un titulo distinto para mí”.

Asimismo, ganó el premio de Opinión (1989) del diario Crítica gracias a su artículo “El Pariente de Trenes”. De 1976 a 1980 colaboró con la revista respuesta como crítico de artes y cronista urbano, dirigió dos números de la revista Puerta de Agua de la Secretaría de Cultura del estado Zulia.

Múltiples fueron los oficios de Figueroa Brett, marino, periodista, promotor de artes y crítico, ensayista, cuentista, poeta, dibujante y diseñador. Sin embargo, en sus últimos años de vida, decidió llenar sus manos de pintura y volver a a ella como quien viaja a sus orígenes.

La herencia de Natividad Figueroa 

El joven artista plástico, cree que, aunque no pudo coincidir profesionalmente con su abuelo, éste le dejó una herencia de singular valor. Natividad Figueroa, fue uno de los artistas naif más importantes no sólo del occidente venezolano, sino de toda la nación.

Oriundo de Punta de Piedra, estado Nueva Esparta, el espontáneo pintor también fue marinero, sirviéndose, tal vez, de la cercanía a las cálidas costas insulares.

Otra de las facetas menos conocidas del artista fue la de obrero petrolero, oficio que lo llevó a zarpar en los puertos de Cuba, Santo Domingo, Panamá, entro otros.

Huyendo de la persecución política por ser activistas del Partido Comunista de Venezuela, el artista visual se estableció definitivamente en Maracaibo junto a su esposa, la maestra Carmen Mercedes Brett Martínez.

En los años 60 florece su pasión por la pintura, retratando paisajes de la vieja ciudad de Maracaibo, especialmente sus casas, las calles, los barcos de paleta, las piraguas y las goletas.

En su obra, muy especialmente en la que respecta a la arquitectura marabina, destaca la policromía, que además los maracuchos emplearon para pintar su Saladillo y Empedrao.

Participó en exposiciones en el Centro de Bellas Artes (1996), la galería Helena Pavlu de Caracas (1971), en la galería de Artes Visuales de la Universidad del Zulia (1975) y en salón del Banco Mercantil, donde ganó una mención honorífica y el cuadro pasó formar parte del salón principal del buque mercante Maracaibo.

También realizó máscaras de papel maché, caracterizadas por la policromía y el aspecto grotesco.

Ocho años después de su muerte, en abril de 1997, se expuso “Maracaibo eterna… Retrospectiva”, bajo la curaduría de su hijo el poeta Hugo Figueroa Brett, la cual logró reunir más de 100 trabajos.

La carencia de técnicas o conocimientos, propios de un artista naif, lejos de ser un inconveniente forjó una marca, un sello personal que distingue sus obras de arte.

Un hogar apacible e inspirador 

Antonin reveló que su casa “es como un museo”, piezas de artes se perciben desde lo más cálido de su morada ante la influencia de una familia de artistas. Además asegura que escribe poesía “pero de una forma íntima, para la familia”.

“Mi padre se dedico durante mucho tiempo a ser productor, crítico y pintor. Creo que mi escuela base ha sido la casa”, dijo.

Arte “sostén del día a día” 

Su formación es concebida por él mismo como “autodidacta”, aunque ha cursado estudios básicos de dibujo y pintura. Sin embargo, deja claro que procede “de una casa donde el sostén del día a día viene de la mano del arte”.

“Fue hace unos 8 años cuando empecé a ejecutar con más constancia la pintura, primero como una especie de hábito natural o de hobbie, pero el arte te va sumergiendo en ella y finalmente no puedes parar de hacerlo”, expresa.

Libertad a la hora de enfrentarse al lienzo

Para el artista de 30 años, el arte y la pintura son conjugadas con la palabra libertad, elemento con el que no es mezquino en sus coloridas creaciones.

“No tengo un estilo definido. Creo que es válido, dependiendo de tu momento, experimentar con cada una de las técnicas y estilos que existen. Es un tema de libertad a la hora de enfrentarte a lienzo”, sostiene.

En cuanto al estilo de su pintura, argumenta que “de catalogarse, tendría un poco de impresionismo y hay algo de abstracto”. Sin embargo, se basa “más que todo en la libertad de experimentar, de trabajar siempre enfocado en el color y la naturaleza”.

Jacobo Borges, Armando Reverón, Carlos Cruz Diez, Jesús Soto y Francisco Humg son merecedores del respeto del artista zuliano. Del último, relata que su padre fue durante mucho tiempo manager y productor. No obstante, esto no significa que se inspire en ellos.

Hay un proceso de investigación tras cada pintura

Afirma que “hay mucha espontaneidad en el proceso de la pintura, pero siempre hay investigación; hay algo definido. Tampoco es una cuestión al azar, ni es una pintura netamente abstracta”.

Relata que su trabajo está enfocado principalmente en la naturaleza, “entendiéndola como un todo al que pertenecemos y debemos respeto (…) El enfoque va dirigido principalmente hacia el color. Me interesa mucho el tema de los colores como lenguaje en la naturaleza”, comentó.

Cree que la pintura es un oficio como cualquier otro, “en el que tienes que estar constantemente buscando, trabajando, pensando, investigando indagando (…) La inspiración llega pero en el momento en que decides trabajar”.

“En nuestra familia respetamos profundamente el arte como algo muy íntimo del ser humano, eso sí, entendiéndolo también como cualquier otro trabajo (…) Se puede decir que vivo hoy por hoy del arte”.

“No trabajo de forma académica” 

En cuanto a los instrumentos y a la técnica empleada añadió que trabaja con pintura acrílica, agua y óleo. “No trabajo de una manera académica con un pincel o una paleta, puedo usar elementos como un palito o arrojar la pintura en algún momento que sea necesario y hacer que un material reaccione con otro”, ahondó.

Actualmente sólo ha tenido exposiciones colectivas en Maracaibo. Fue director y propietario de un centro cultural cuyo nombre era “Paradiso”, donde cuenta que hizo una gran variedad de exposiciones en las cuales también incentivó y colaboró con el talento emergente.

Paradiso estuvo dirigido a la corriente artístico-alternativa, un lugar donde se conjugaba la cultura, la buena música y la comida. Se ofrecía al público zuliano exposiciones artísticas independientes y música en vivo como jazz, bossa nova, ritmos alternativos entre otros.  

No obstante, ahora difunde sus creaciones a través de “una de las herramientas principales que está en todos los ámbitos”: las redes sociales. Los amantes de la pintura y quienes se deseen deleitar con su arte, puede ubicarlo en instagram como antoninfigueroa

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