Especial: Cruz Villegas, un luchador de gran sensibilidad social

El 11 de Enero del año 1994 se fue un gran político y luchador venezolano; un hombre de firmes principios, con una gran sensibilidad social y humana: Cruz Alejandro Villegas Sequeda, conocido como "El negro Cruz". 

Cruz Villegas aún sigue siendo recordado con respeto por todos aquellos que fueron testigos presenciales de como luchó en las peores condiciones, y en medio de la más brutal represión, para defender sus ideas políticas aún a costa de su vida. De aquel lamentable día de su fallecimiento hoy se cumplen 23 años, por ello recordaremos la historia de este insigne venezolano.

Un 3 de mayo de 1917, hace casi 100 años, nació en la hacienda Tazón, en Cúa, estado Miranda. un campesino de personalidad hermosa, albañil, dirigente sindical, dirigente obrero, luchador revolucionario, comunista y poeta. 

Villegas fue miembro destacado del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y secretario nacional de la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV), lo que le acarreó detenciones y represiones de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958), y posteriormente de la policía política de Rómulo Betancourt (1959-1964) y Raúl Leoni (1964-1969).


Como señala una nota de la Agencia Venezolana de Noticias (AVN) fue procurador Municipal del municipio Urdaneta de Miranda, electo secretario de prensa y Propaganda de la Federación Unificada de Trabajadores del Distrito Capital y estado Miranda, y participó en el movimiento internacional de trabajadores agrupados en la Federación Sindical Mundial (FMS).

Lista de detenciones 

Villegas sufrió largas detenciones en su vida debido a su incansable defensa de los derechos de los trabajadores y de los campesinos venezolanos, vilipendiados durante la dictadura perezjimenista.

En 1952 fue recluido en la cárcel de "El Obispo", ubicada en el sector El Guarataro de Caracas, durante 38 meses, en los cuales fue torturado y posteriormente confinado al estado Amazonas, a orillas del río Negro, en la frontera con Brasil y Colombia.

Luego fue trasladado en la misma condición de aislamiento a Puerto Ayacucho, capital de la entidad, donde luego vivió con su familia hasta la caída de la dictadura en 1958.

Los vejámenes no amilanaron al "Negro Villegas", quien a su llegada a Caracas fue merecedor de numerosos reconocimientos del PCV, la CUTV y un homenaje nacional del Congreso de la República, presidido por uno de sus adversarios, Reinaldo Leandro Mora.

Al dedicar un trabajo especial para honrar la memoria de Cruz Villegas, honramos también a sus hijos, Alicia, Clara, Esperanza, Tatiana, Asia, Mario, Vladimir y Ernesto. Hombres y mujeres que han demostrado con gestión humana, que aquel individuo formado entre tablones de caña, conucos y trapiches, consiguió formar ejemplares ciudadanos para la República.

Así lo recuerdan sus hijos 

"Hola queridos amigos.  El 11 de enero de 1994 abandonó el plano terrenal mi padre Cruz Alejandro Villegas Sequeda. El negro Cruz Villegas, como lo llamaron siempre sus amigos, sus compañeros de lucha y hasta sus adversarios, con quienes mantuvo una relación de respeto personal, en medio de las diferencias políticas e ideológicas. 

Hoy, a 23 años de su muerte física quiero recordarlo como el extraordinario ser humano que fue. Ni la cárcel ni la tortura fueron capaces de erosionar su capacidad de amar a la humanidad y a los suyos desde sus ideas, desde su manera de ver el mundo. 

Lo recuerdo en las marchas en defensa de los derechos de los trabajadores. Pero también en la casa de Coche, mientras trabajábamos con bloque, cemento, arena, cabillas, clavos y martillos. Lo recuerdo cantando tangos o tarareando música tuyera. Lo recuerdo en su pequeña y acogedora biblioteca, leyendo libros de política o escribiendo poemas. También en nuestros viajes a Cúa, su pueblo natal, junto a su hermano de la vida, el negro José Palacios. 

Era un hombre de buen humor, con rudeza de carácter cuando las circunstancias obligaban. Siempre saludaba a todo el mundo con una amplia sonrisa . También lo recuerdo junto a mi madre, ya viejitos, tomados de la mano viendo televisión. Una larga e implacable enfermedad se lo llevó. No se cuidaba mucho. Era amante del pernil, el chicharrón, los plátanos fritos. Pero cuando regresábamos de alguna fiesta su frase de siempre era "vamos a comernos un pollo en brasa". Y su frase emblemática "orden en la sala compañeros", sigue retumbando entre nosotros . No sé a dónde se van los difuntos. Pero cómo quisiera volver a vivir con él esas inolvidables sobremesas familiares".