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Referéndum, ¡No!
Robert Carmona-Borjas / rcb@arcadiafoundation.org
Globovisión
07/11/2007 09:47:03 a.m.
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El país se opone a la reforma constitucional que intenta imponer por todos los medios el Presidente Chávez. Las manifestaciones estudiantiles, las expresiones de los políticos de todas las tendencias, incluidos las de organizaciones afectas al régimen y la posición de militares hasta ahora actores principales de la revolución, muestra que definitivamente los venezolanos no estamos dispuestos a entregar nuestra libertad y nuestra tranquilidad a un grupo minoritario que pretende imponer un sistema político, económico y social que nada tiene que ver con el sentimiento de los venezolanos y con el perpetuarse en el poder.

 

La reforma, lo hemos dicho muchas veces, es ilegal desde todo punto de vista. Un procedimiento claramente viciado, que sustituye arbitrariamente al poder constituyente y por ende la voluntad popular, cocinado en una Asamblea Nacional monocolor, apéndice de Miraflores; y, además, un contenido material inaceptable. Esta ilegitimidad  confirma que estamos ante un proceso inconveniente, disparatado para utilizar un término amplio válido, que sólo genera confrontación y angustia entre los venezolanos. Una ocurrencia negativa que no conducirá a nada bueno. Todo lo contrario, la propuesta sólo genera desajustes de todo tipo en el país que no olvidemos se hunde en el desabastecimiento, en la miseria, en la delincuencia y en la corrupción, en pocas palabras, en su destrucción, impresión que no emerge solamente de las clases media y alta, sino de todos los sectores del país que lo viven a diario cuando acuden a Mercal para que les sellen el brazo o a la morgue a recoger un familiar de los centenares que caen en las calles del pais, dada la inseguridad reinante, mientras el Presidente negocia con la guerrilla colombiana, calificada muchas veces y por muchos, de terrorista, para ganar espacio internacional. Paradojas, nada más.

 

El oficialismo mueve en su intento de imponerse, grupos rojos con los recursos del Estado sin que nada importe, mientras las oposiciones se mueven por sus propios medios, apoyen el No o promuevan la abstención. Ese grupo de rojos que aparenta inundar las calles pero que no son más que beneficiarios de un régimen corrupto y despilfarrador es una clara minoría que no supera según la generalidad de las encuestas, el 20 por ciento.

 

Esta realidad es la que tiene enervado al Presidente y a su grupo, incluida la sala cubazolana situacional que sesiona en Miraflores y aconseja la estrategia a seguir en todos los frentes. De allí que los revolucionarios traten de dividir a la oposición, a la iglesia y a los mismos estudiantes.

 

La oposición se mantiene entre el No y la Abstención. No es fácil conciliar posiciones pero sí afirmar que la dicotomía es producto de la astucia oficinista que logra golpear la unidad de los venezolanos, de la oposición en particular, que saben es la mayoría del país.

 

Las disposiciones son respetables. Los que piensan que el No es la vía, consideran que el voto masivo puede detener la locura de la continuidad bolivariana y el paso al totalitarismo mediante la rechazada reforma. Los que promueven la abstención estiman que sea cual fuere el resultado en las urnas, el régimen se impondrá por la vía de las máquinas. Existe en este grupo una desconfianza definitiva en el ente electoral, cuya composición y funcionamiento no es un misterio, es asquerosamente favorable desde todo punto de vista al régimen.

 

Pero en el fondo no se trata de votar en contra o de abstenerse, es simplemente de propiciar su suspensión definitiva. Acá se puede construir la unidad de la oposición porque es un terreno común. Ante una propuesta única de la inmensa mayoría de venezolanos, de todas las organizaciones políticas, civiles, sindicales, estudiantiles, empresariales, al régimen no le quedará otro recurso que suspender el referéndum, es decir, dar marcha atrás.

 

Es evidente que el Presidente no es capaz de retroceder tan fácilmente en sus posturas, aunque muchas veces, incluso entre lagrimas, ha dado ese paso de “rectificación” aunque siempre temporal y transitoria, para regresar con mayor fuerza, lo que muestra la desconfianza que genera, a su posición inicial.

 

No es fácil que el Presidente suspenda el proceso. Tendría un costo político muy alto. Pero continuarlo podría ser aún más oneroso. Mientras tanto intenta fortalecer su posición internacional buscando el reingreso a la CAN, la admisión en el MERCOSUR, contactos y declaraciones “democráticas” en la Cumbre de Santiago de esta semana y los elogios de la derecha internacional, del omnipresente Presidente francés Nicholas Sarkozy, en concreto, por la liberación de Ingrid Betancourt.

 

La única salida, por ahora, que tenemos para detener esta monstruosidad que como bien lo afirmara recientemente  el ex Ministro Baduel, constituye un golpe de Estado, así de simple y de claro, es unirnos en torno a una posición común que pareciera que solamente se podría construir sobre la base del rechazo a la realización del acto, a su suspensión. Elementos suficientes de presión interna hay para obligar al régimen a reflexionar seriamente sobre el disparate que proponen y advertirle sobre los peligros que representa ir más allá del 2 de Diciembre con un texto constitucional, adoptado como base de la sustitución del Estado venezolano y del país de todos, por un Estado socialista transitorio, más tarde comunista, regresando a los peores tiempos del siglo XX.

 

La dirigencia política debe reflexiona r seriamente y pensar en escoger este camino que puede detener el proceso y crear la unidad. Si fracasa, se planteará de nuevo el escenario del No y la Abstención a la que tanto miedo le tienen los bolivarianos.

 

rcb@arcadiafoundation.org

 

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