| Hemisferio: Reaccionemos a tiempo | |||
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Roberto Carmona-Borjas / carmona@gwu.edu Globovisión 31/03/2006 4:19:58 p.m. |
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La corrupción está acabando -y a paso de perdedores- con lo que queda de la revolución bonita. Las acusaciones entre sus adeptos, el pase de facturas, los señalamientos de los unos y los otros, ante la mirada del Presidente y de los jerarcas del régimen, muestran el deterioro progresivo del proceso.
Los jerarcas de la revolución anuncian el fin de la corrupción, hasta el corte de cabezas, como dijo el mismo Presidente. En un país serio, la primera cabeza que tendría que caer es la del Contralor General quien ha demostrado ser el más ineficiente de los funcionarios del régimen. Además de haberse mostrado incapaz desde todo punto de vista, el Contralor no es el más idóneo para constituir el poder moral, cuando justifica -lo que es absolutamente insostenible- sus ingresos múltiples, sueldo y jubilación. En otro país el funcionario hubiera renunciado. Pero la dignidad y la moral parecieran variar, según algunos, de un país a otro, de un grupo a otro.
El papel contralor de los recursos del Estado parece que se traslada exclusivamente a la Asamblea Nacional, integrada, como se sabe, por un grupo monolítico, sometido al proceso, lo que no puede favorecer la lucha seria contra la corrupción. Desde luego, el teatro funcionará y se creará una Comisión multipartidista que examinará las denuncias, investigará y concluirá con las sanciones políticas que merecen, como en el caso de la azucarera y otros cuyos responsables serían, probablemente, sancionados políticamente, castigo suficiente para los oficialistas, para compensar la pérdida de los miles de millones que se descubren aquí y allá.
En este período electoral es muy probable que algunas cabezas no enteramente revolucionarias caigan, para mostrar así que el régimen bolivariano lucha en serio contra la corrupción. Pero, mientras tanto -y eso es una vergüenza- a Venezuela se le mira como a Nigeria, uno de los países más corruptos del mundo, según organismos e instituciones internacionales.
Para tratar de recuperar su imagen, el régimen hará otros anuncios para satisfacer a algunos que apuestan a la división definitiva de la sociedad venezolana. Nuevos procesos, más detenciones, más amenazas.
La reforma agraria tan anunciada, nunca se logró. Sólo expropiaciones y confiscaciones, violando todos los derechos de los ciudadanos, fueron decretadas por el ejecutivo. Las viviendas, tan ofrecidas por el gobierno, nunca se construyeron. Ni las construirán. La razón es muy sencilla: incapacidad absoluta y despilfarro.
Ante este último fracaso, el Presidente anuncia que expropiará las segundas viviendas de los ricos del país para entregárselas a los más pobres. Mayor atropello e insensatez no es posible. Pero, del régimen y sus máximas autoridades todo se puede esperar.
Se han perdido siete años, ante la mirada complaciente de dirigentes extranjeros y de funcionarios internacionales. Un verdadero desastre que contradice el derecho humano de progresar, de vivir en libertad y en paz. Pero nada de eso parece importar, mientras el barril se mantenga a 60 dólares.
El país vive, como otros de la región, en la desigualdad y en la pobreza, en la ineficiencia de los políticos. De allí que surjan los demagogos, los populistas, sin ninguna formación. Un ambiente perfecto para los aprovechadores que se enriquecen sin escrúpulos.
En Perú, por ejemplo, las declaraciones del candidato indigenista y nacionalista, el golpista Humala, y las de sus familiares, plantean el fusilamiento de Toledo. Una muestra de la descomposición de nuestra sociedad política. En otras épocas los Kirschner no hubieran tenido éxito, como tampoco los Lula que sólo se han limitado a prometer en sus campañas electorales lo que nunca cumplirán. La corrupción y el fracaso se los come también.
El Secretario General de la OEA, el chileno Insulza, en una reunión de alto nivel en el marco europeo declara y esta vez con acierto, aunque esa no era precisamente su intención, que la región vive hoy en día un populismo más retórico que vinculado a políticas efectivas. Sorprendentemente, el funcionario regional estimula el populismo, al precisar que las campañas electorales son por definición promesas que difícilmente se van a poder cumplir.
El rotundo fracaso de los regímenes populistas de la región abre peligrosamente una nueva etapa en la historia política de la región. Ojalá que los pueblos reaccionen más civilizadamente que los dirigentes políticos y encuentren el camino que garantice la paz y la estabilidad en nuestras sociedades.
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