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¡Faltaba el traidor!
Asdrúbal Aguiar / correoaustral@gmail.com
Globovisión
08/02/2010 9:06:44 p.m.
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La llegada a Venezuela del tristemente célebre represor de la sociedad cubana, Ramiro Valdés, por invitación de Esteban – que así identifica el país al innombrable – ha dado lugar a múltiples especulaciones. El anfitrión señala que éste viene a ayudarlo para resolver la crisis eléctrica que su misma negligencia e incompetencia ha provocado. Pero otros, en buena lid, observan que quizá viene a eso, pero para ofrecer un tratamiento aguas abajo al pueblo venezolano, es decir, en cabeza de quienes desde ya protestan en todo el país por los cortes y requieren ser disciplinados.

Corre dentro de los mismos predios oficiales también una desinformación, para reducir el carácter ominoso de la visita y restarle su carácter agraviante: Valdés llega a Caracas porque Raúl se lo estaría sacudiendo de encima, por serle incómodo, y Chávez le hace al gobernante cubano la segunda.

Se dice, en otra banda, que la reciente renuncia del Coronel Carrizales, mucho tuvo que ver con este enojoso asunto, por tratarse de la cristalización del dominio cubano sobre Venezuela; aun cuando otros alegan que el Vicepresidente hubo de separarse por asuntos nada santos, en unión de su esposa, quien es ministro del régimen.

Lo cierto, en todo caso, es que la presencia de Valdés, sean cuales fueren las razones inmediatas que lo traen a Caracas, muestra el grado de dependencia alcanzado por el gobierno de Esteban con relación a los Castro. Y de allí que se diga, sin exagerar, que Valdés es en propiedad el Pro Cónsul. Su presencia revela, asimismo, que ahora como nunca antes tal dependencia y sumisión de Esteban a los hermanos Castro es irreversible, y hasta se torna en aquél necesaria para su supervivencia política y la misma viabilidad de Cuba.

Es difícil escrutar o especular acerca de lo que ocurre intramuros, dentro del mundo de la Revolución; pero hay señas de que la “patada histórica” vuelve por sus fueros, vestida como siempre de traiciones. Es un sino de nuestra historia, desde cuando el propio Bolívar hace preso a su superior, Francisco de Miranda, y se lo entrega a los españoles para lograr un salvoconducto que lo ponga a salvo y proteja en su ostracismo.

Lo cierto es que el desenlace o el punto de ignición de este tormentoso proceso, hecho de carencias y amenazas sumas, que ahora vivimos, parte del chisme del G2 cubano que obligó a Esteban a tirar por la borda a sus amados “boliburgueses”; lo que al paso dejó al descubierto las soterradas apetencias de ministros de su confianza y hasta de uno de sus hermanos. Confiar en los cubanos, sus socios desde antes de 1999, es para él, en consecuencia, una alternativa sin alternativas, dado el patio de alacranes que se construyó a lo largo de una década y para sólo afirmar su delirio de poder absoluto.

EL ASUNTO, PUES, NO TIENE QUE VER DIRECTAMENTE CON LA AMENAZA ELECTORAL que Esteban divisa en el firmamento. ¡Que la radicalización que implica la llegada de Valdés tiene incidencia en el panorama que nos lleva hasta los comicios parlamentarios, es una cosa! Otra, cabe repetirlo, es creer que la insolente visita de este extranjero sea un trapo rojo más, para atemorizar a los opositores políticos e inhibirlos en el ánimo, para luego derrotarlos sin mayor dificultad.

Antes fue así, no cabe duda, pero hoy las cosas y los datos objetivos son otros, salvo este: Esteban, presa de su cultura militar, siempre se hace agresivo y se radicaliza, cada vez que tiene la tormenta cerca y mengua su popularidad.

En fin, si la presencia del inefable Valdés puede tejerse a la luz del desmoronamiento de las lealtades dentro de la Revolución como también de los riesgos de implosión social que implica la crisis eléctrica en curso fatal, o acaso de la señalada radicalización táctica de Esteban para contener a los “manitas blancas” y demás escuálidos, lo central de apreciar es que la estrategia en curso desde 2004 no ha variado un ápice. Se trata de instalar la realidad económica, social y política de la Cuba comunista dentro de nuestros predios. Así de simple.

La urgencia no da tiempo para urgar la memoria. Pero cabe recordar que luego del referéndum revocatorio de 2004 que Esteban gana de manos de Jimmy Carter y de Fidel Castro – recuérdense las misiones – es inaugurada La Nueva Etapa: El Nuevo Mapa Estratégico de la Revolución, que sirve de base al Plan Socialista de Giordani. Ellos dan cuenta de la decisión de Esteban de empujar al país hacia los odres del socialismo real o comunismo, aderezado con el nombre inocuo de Socialismo del Siglo XXI. No por azar se implementan, sucesivamente, los Cinco Motores de la Revolución Bolivariana, que cristalizan con el fallido proyecto de reforma constitucional.

El error de perspectiva en quienes nos oponemos al método y propósito de Esteban para quedarse en el poder para siempre – objetivo final y único de su acción militar y política – reside en creer que la derrota formal de éste en el referéndum de la reforma de la Constitución, bastaba para aniquilarle en su delirio marxista. ¡Y es que olvidamos que así como en la democracia la relación entre medios y fines legítimos es exigencia indeclinable, en el comunismo no importan los medios con vistas a los fines! Todo vale, hasta la mentira. Y de allí que, sin rubor, Esteban implemente luego, mediante leyes y reglamentos, la reforma comunista que le negó la sociedad democrática venezolana.

VALDÉS, A TODAS ESTAS, ES PARTE OBLIGADA DE LA INICIATIVA EN CURSO y que en su parte final sólo logrará afincarse y afirmarse, como lo sabe Esteban, mediante el uso de la fuerza y la siembra del miedo. De allí la significación de la visita de este personaje lúgrube, pero además, de allí, asimismo, la urgencia de su presencia porque las condiciones que le han dado oxígeno a esta heterodoxa dictadura, que se mueve con las reglas de la democracia, ya no existen. Se acabó el dinero del petróleo y se ha desmoronado la modernidad que alcanzamos durante el siglo XX, el siglo de la electricidad y del agua corriente. Hemos llegado a la encrucijada.

Lo trágico de este relato es que desde 1959, cuando Castro hace su primera visita a Venezuela y el diputado Domingo Alberto Rangel lo declara “venezolano”, nuestro país es motivo de obsesión para ese joven revolucionario de entonces. La dura y cruenta lucha contra sus emisarios, quienes nos invaden a sangre y fuego en dos oportunidades a inicios de la democracia, no basta para hacerlo ceder en su ambición de conquistarnos.

De allí que Rómulo Betancourt, al apenas hacerle entrega del poder a su sucesor, confiese ante el país que su tarea de erradicación de la violencia comunista dentro del territorio nacional y en la que se empeña a fondo el Ejercito, sigue pendiente. Palabras más, palabras menos, el mandatario afirma que “conquistar Venezuela, controlar sus reservas petrolíferas, así como lograr el dominio de su posición geoestratégica, son asuntos de vida o muerte para el proyecto de dominio continental que sostiene Fidel Castro”.

Nadie imaginaba que medio siglo después, un felón revierte el camino de nuestra libertad y dignidad nacional, entregándonos a manos de Valdés, un extranjero, como Bolívar hizo con Miranda .




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