| ¿Y ahora? | |||
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Robert Carmona Borjas /rcb@arcadiafoundation.org Globovisión 03/11/2009 2:58:56 p.m. |
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Tras negociaciones muy difíciles, los representantes del Presidente Roberto Micheletti y el depuesto Presidente Zelaya logran un acuerdo que remite el debate a las instituciones hondureñas, el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia, el tema de la restitución de Zelaya, punto de mayor fricción entre los negociadores.
Lamentablemente, desde afuera, Hugo Chávez y el irresponsable representante de la OEA, señor Rico, presionan y desestabilizan el proceso, al tratar de imponer al Congreso una conducta determinada, es decir, una decisión favorable al retorno de Zelaya cosa que no fue el acuerdo alcanzado.
Las declaraciones intervencionistas e irresponsables del señor Rico y el mismo chileno Insulsa son patéticas. Es inconcebible que unos funcionarios de la OEA se aprovechen de su condición para inmiscuirse en los asuntos internos de Honduras. Estas declaraciones debilitan el proceso y afectan la ya deteriorada imagen de la organización regional, en manos de peones del albismo regional que trata de imponer por todos los medios, un sistema político, incluida la reeleción indefinida, como lo han logrado en algunos países, que es rechazado por la mayoría de los latinoamericanos.
El presidente venezolano no sólo adopta una posición agresiva, en favor de la restitución de Zelaya sino que adelanta que una vez repuesto en su cargo, intentará de nuevo el referéndum que le permita su reelección permanente, justamente la causa principal que motivo la crisis.
El intervencionismo de la OEA y de Chávez es inaceptable. Las instituciones hondureñas, los hondureños, como Estado soberano e independiente y como pueblo libre, deben escoger su destino. Es inaceptable que desde afuera, con el concurso de algunos, OEA, Chávez y el presidente brasileño Lula, impongan el ritmo político en el país.
Lamentablemente, desde afuera, Hugo Chávez y el irresponsable representante de la OEA, señor Rico, presionan y desestabilizan el proceso, al tratar de imponer al Congreso una conducta determinada, es decir, una decisión favorable al retorno de Zelaya cosa que no fue el acuerdo alcanzado.
Las declaraciones intervencionistas e irresponsables del señor Rico y el mismo chileno Insulsa son patéticas. Es inconcebible que unos funcionarios de la OEA se aprovechen de su condición para inmiscuirse en los asuntos internos de Honduras. Estas declaraciones debilitan el proceso y afectan la ya deteriorada imagen de la organización regional, en manos de peones del albismo regional que trata de imponer por todos los medios, un sistema político, incluida la reeleción indefinida, como lo han logrado en algunos países, que es rechazado por la mayoría de los latinoamericanos.
El presidente venezolano no sólo adopta una posición agresiva, en favor de la restitución de Zelaya sino que adelanta que una vez repuesto en su cargo, intentará de nuevo el referéndum que le permita su reelección permanente, justamente la causa principal que motivo la crisis.
El intervencionismo de la OEA y de Chávez es inaceptable. Las instituciones hondureñas, los hondureños, como Estado soberano e independiente y como pueblo libre, deben escoger su destino. Es inaceptable que desde afuera, con el concurso de algunos, OEA, Chávez y el presidente brasileño Lula, impongan el ritmo político en el país.
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